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Escuela de Pensamiento
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La Razón entrevista a José Miguel Rodríguez-Pardo y Fernando Ariza

La periodista Gema Lendoiro, del diario La Razón ha sentido especial interés por las reflexiones de Fernando Ariza, director de la Escuela de Pensamiento Fundación Mutualidad Abogacía y José Miguel Rodríguez-Pardo, su presidente como resultado del Congreso de 60ymucho+, “Retos y oportunidades de la cultura, el talento y la economía del envejecimiento”.
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El diario La Razón ha publicado recientemente sendas entrevistas a José Miguel Rodríguez-Pardo, presidente de Escuela de Pensamiento, doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Biomedicina por la Universidad Europea Madrid, y a Fernando Ariza, director general adjunto de Mutualidad Abogacía y director de la Escuela de Pensamiento Fundación Mutualidad Abogacía, que, con motivo del reciente Congreso de 60ymucho+, y de la mano de la periodista, Gema Lendoiro, han puesto de manifiesto la importancia de diversos escenarios y necesidades relacionados con el envejecimiento y su gestión, económica y ética, siendo el envejecimiento poblacional, uno de los retos de mayor calado de la sociedad de nuestro siglo.  Por otro lado, cabe destacar la relevancia de las consecuencias provocadas por la crisis sanitaria, que, en situación de emergencia, han vulnerado los derechos de las personas mayores, donde el modelo ético tradicional de la medicina, basado en la justicia redistributiva y la dignidad de la persona, ha sido sustituido por el principio de coste de oportunidad, concepto en el que la edad del paciente y sus patologías previas han sido el criterio para decidir sobre su vida.

A continuación, reproducimos ambas entrevistas completas que también se puede leer en el propio medio:

“LA PANDEMIA HA DEMOSTRADO QUE EL MODELO ÉTICO MÉDICO HA SIDO SUSTITUIDO POR EL PRINCIPIO DE COSTE DE OPORTUNIDAD” 

Entrevista a José Miguel Rodríguez-Pardo, doctor en Economía por la UCM y doctor en Biomedicina por la UEM.

Autora: Gema Lendoiro

José Miguel Rodríguez-Pardo es doctor en Economía por la UCM y doctor en Biomedicina por la UEM, así como posgrado en gestión empresarial por la EOI y PDG-BBVA en IESE, actuario y licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales. Actualmente está en el Consejo Científico de la Escuela de Pensamiento de la Mutualidad de la Abogacía. Ha sido uno de los ponentes del I Congreso Online celebrado estos días para hablar de nuestros mayores, y ha estado organizado por 60 y mucho + bajo el título: Construir futuro pensando en el sénior.

Habla usted mucho de la economía del envejecimiento. ¿Podría explicarme en qué consiste?

Con la economía del envejecimiento estudiamos y analizamos los comportamientos y hábitos de las personas mayores y cómo estos se traducen en un impacto económico. La economía del envejecimiento debe aportar pautas para la mejora de la toma de decisiones de política económica e incluso de sanidad y asistencia social. No olvidemos que España en las próximas décadas encabezará la lista de países con más esperanza de vida al nacer del mundo, a la vez que su tasa de nacimientos, según los últimos datos, es de las más bajas del planeta.

Estos datos demográficos nos dicen que el envejecimiento en España se verá agravado y que la economía, para mantener sus niveles de crecimiento, necesitará un balance equilibrado de apelación a la inmigración y el incremento de la productividad, cuyo principal gradiente será la innovación tecnológica.

La pandemia y el resultado con las personas mayores ¿le ha sorprendido o se lo esperaba tal cual ha pasado?

La pandemia de COVID-19 nos ha dado la oportunidad de ver cómo el modelo ético tradicional de la medicina, basado en la justicia redistributiva y la dignidad de la persona, ha sido sustituido por el principio de coste de oportunidad, concepto en el que la edad del paciente y sus patologías previas han sido el criterio para decidir sobre su vida.

Este hecho no me sorprende en sí mismo, pero sí hubiera sido deseable que se hubiera procedido con decisiones éticas que no se vulnerasen los derechos de las personas, como el derecho a vivir.

“EN ESPAÑA MÁS DE 2 MILLONES DE PERSONAS MAYORES VIVEN Y SE SIENTEN SOLAS”   

Entrevista a Fernando Ariza, Director General adjunto de la Mutualidad de la Abogacía y director de la Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad Abogacía.

Autora: Gema Lendoiro

Fernando Ariza, subdirector general de la Mutualidad de abogacía ha participado estos días en el I Congreso Online organizado por 60ymucho+ “Construir futuro pensando en el sénior”.

La pandemia ha puesto sobre la mesa que los mayores no han sido respetados en su dignidad y se ha aplicado con ellos lo que se llama sanidad de guerra, es decir, atender a las personas que más posibilidades tenían de sobrevivir. ¿Está de acuerdo con esto? Y si lo está o no, ¿qué reflexión hace sobre este tema?

Esta pandemia ha provocado situaciones de verdadera emergencia, que al menos en sus inicios no fue abordada como debería, esto es, desde la “Medicina de Emergencia o de Catástrofe”, asimilándose por el contrario a una “situación de guerra”. Esta asimilación es un drama desde el punto de vista ético pues, al haber identificado algunas acciones sanitarias como objetivos de guerra, se terminaron vulnerando algunos de los derechos fundamentales y libertades públicas de las personas.

A pesar de la gravedad y crudeza de la pandemia, y de la manifiesta insuficiencia de los servicios sanitarios y asistenciales, nunca habrá motivo suficiente que justifique una quiebra o debilitamiento del Estado Democrático de Derecho. Y es que al inicio de la pandemia vimos cómo el modelo ético tradicional de la medicina, basado en la justicia redistributiva y la dignidad de la persona, fue sustituido por el principio de coste de oportunidad, concepto en el que la edad del paciente y sus patologías previas han sido el criterio para decidir si entraba o no en UCI durante los momentos de mayor colapso sanitario.

¿Realmente cree que vivimos en una sociedad que discrimina a los mayores? ¿Pero a partir de qué edad?

Si revisamos nuestra literatura, cultura, medios de comunicación o la propia sabiduría popular, encontramos múltiples estereotipos y otras formas de discriminación que suelen configurar una imagen errónea y habitualmente negativa de la vejez, evidenciando un claro edadismo intrínseco en nuestra sociedad.

Es una vez más la tiránica barrera de los 65 años la que nos marca la frontera entre “lo joven” y “lo viejo”. Es la marca donde por lo general la sociedad establece erróneamente el “periodo de la vida antes de la muerte”, de tal forma que lo que termina definiendo a las personas mayores está habitualmente más relacionado con el tiempo que les queda por vivir y no tanto por el tiempo que llevan vivido.

¿En general cree que la sociedad occidental, el primer mundo, es poco sensible a las personas mayores, a los ancianos?

El carácter negativo hacia las personas mayores instalado en las sociedades occidentales del siglo XXI es lo extraño y atemporal. En otras culturas y civilizaciones a lo largo de la historia las personas mayores han sido habitualmente veneradas. Es en el Renacimiento donde se revaloriza la juventud como canon de la belleza y se produce el rechazo a todo lo que se pudiera considerar viejo, sinónimo de feo. Sin embargo, en otras culturas como en los países musulmanes, India, China o Japón, se respeta y se venera a las personas mayores, y son considerados como pilar fundamental de la familia y la sociedad.

Las sociedades más avanzadas en la lucha contra la discriminación ya hemos asentado nuestros derechos en materia de discapacidad, de orientación sexual, género, raza, o religión entre otros. Nuestra próxima gran conquista será el de abolir cualquier posible discriminación por razón de edad. Sólo de esta manera podremos alcanzar una sociedad verdaderamente igualitaria, inclusiva y democrática.

¿Cree que se depurarán responsabilidades en algún momento sobre cómo se han dejado morir con una gran indefensión a las personas mayores?

– La pandemia de Covid-19 ha dado lugar a situaciones particularmente graves en relación con las personas mayores y muy especialmente en los entornos sanitario, asistencial y familiar. Es evidente que la litigiosidad en relación con estos casos aumentará significativamente en los próximos meses pudiendo exigirse eventualmente, en función de las situaciones acaecidas en cada caso, responsabilidad civil, penal o contencioso-administrativa.

¿Cómo debemos contribuir como sociedad a entender el envejecimiento en positivo?

Como sociedad debemos entender que el envejecimiento no va solo de personas mayores. Porque envejecimiento es también economía, salud, bienestar, dignidad, justicia, demografía, ciencias actuariales, riesgo de soledad, riesgo de exclusión, ocio, consumo, ahorro, arquitectura, urbanismo, etc. Estamos por tanto ante un desafío global, que nos afecta a todos, y por tanto necesita de un abordaje absolutamente multidisciplinar e intergeneracional.

Desde el punto de vista de la persona deberemos considerar que todos, incluidos los de mayor edad, somos muy diferentes unos de otros, pues estamos influidos no sólo por nuestra edad cronológica, sino también por nuestras experiencias, emociones, genética o hábitos entre otros. Es decir, existen muchas formas de envejecer, al igual que existen muchas formas de ser joven o de ser niño. Este es el mensaje que debe calar en la sociedad y tratar entre todos de articular una sociedad en la que no haya ni una persona mayor sin un propósito en la vida.

Lo desarrolló ya Malthus en el XVIII, la conocida teoría malthusiana que sostiene que el ritmo de crecimiento de la población responde a una progresión geométrica, mientras que el ritmo de aumento de los recursos para su supervivencia lo hace en progresión aritmética. Por esta razón, de no intervenir obstáculos represivos (hambre, guerras, pestes, etc.), llegaríamos a lo que se conoce como catástrofe Malthusiana, es decir, la desaparición de la especie humana. Lo cierto es que, si repasamos la historia, todos los siglos sucede algo así, terrible que sesga millones de vidas. Parecía que nuestra época había olvidado esto, especialmente en el primer mundo donde no sabemos qué es una guerra, el hambre, especialmente aquellos que no son ancianos. ¿Qué reflexión le merece esto?

Es cierto que la “catástrofe malthusiana” la tenemos siempre presente y acechante, más aún, teniendo en cuenta el crecimiento exponencial de la esperanza de vida desde comienzos del siglo XX. Y es que cada día que pasa aumentamos nuestra supervivencia en otras 6 horas. Sin embargo, el mundo occidental se enfrenta a una catástrofe demográfica más real e inmediata. Esto es el envejecimiento poblacional. No perdamos nunca de vista que una población envejecida es una población que no se renueva, que no tiene reposición, y por tanto tiene dificultades para crecer. Es decir, una población envejecida es una población enferma a la que si no se le pone cura tenderá a morir. Este es el fenómeno que algunos expertos demógrafos convienen en denominar como “suicidio demográfico”, por el que se prevé que sociedades envejecidas como la española pierdan población en las próximas décadas.

Por otro lado, y a pesar de que la comunidad científica nos advierte que las enfermedades infecciosas y las llamadas superbacterias resistentes a los antibióticos serán algunas de las principales causas de fallecimiento en las próximas décadas, los avances científicos, médicos y tecnológicos nos plantean también grandes retos éticos, morales y religiosos asociados a la disrupción de la supervivencia.

Una sociedad en la que triunfa lo joven y lo hedonista, era más que previsible que actuara de este modo con una pandemia que se ha cebado con los mayores. ¿No le parece que esto, en el fondo es una cuestión de pérdida de valores más que de falta de recursos económicos?

Para revertir esta situación será por supuesto necesario recuperar los valores hacia los segmentos de población más vulnerables como es el caso de las personas mayores, pero también debemos dotarles de recursos económicos y jurídicos, así como de servicios de los que ahora carecen. El propósito será el de habitar una sociedad liderada por la nueva economía de la inclusión y los cuidados, cuyo origen se fundamenta en el valor del colectivo, en los propios principios del mutualismo.

¿Hemos aprendido algo o, francamente, seguiremos exactamente igual una vez hayamos superado esto?

Esta pandemia ha sido tan impactante desde el punto de vista emocional, social, sanitario y económico que seguro podremos sacar muchas conclusiones de las que aprender y con las que poder articular una sociedad mejor. Entre otros hemos conseguido poner el foco sobre colectivos más vulnerables como las personas mayores, les hemos dotado de derechos, hemos sabido reconocer la labor de muchos profesionales que se mueven por sus valores y su vocación de ayuda y servicio a la comunidad y hemos adquirido una capacidad de resiliencia que quizá nunca hubiéramos podido imaginar.

La aparición de un fenómeno sobrevenido como esta pandemia, que ha puesto en peligro la supervivencia y el bienestar de la humanidad, también ha aflorado muchas de las carencias e ineficiencias que tenemos como sociedad y que, sin duda, nos debería llevar a hacernos repensar el estado de bienestar al menos tal como hasta ahora lo concebimos.

Entre ellas y favorecida por el confinamiento, ha aflorado el drama de la soledad no deseada. No hay derecho a sentirse solo. Sin embargo, en España más de 2 millones de personas mayores viven y se sienten solas. Sin duda este es uno de los grandes retos que como sociedad debemos priorizar.

¿Tiene la impresión de que la pandemia inaugura una nueva era en la historia de la humanidad? Tuvimos una mucho peor en 1918 y no lo hizo, aunque sí cambió profunda y radicalmente el orden establecido la I guerra mundial, diría que casi más que la II GM.

Al igual que los hechos que comenta quedaron marcados en la historia de nuestra especie, esta pandemia marcará un antes y un después para nuestra generación. De hecho, ya hablamos con cierta naturalidad de la era precovid y de la era postcovid. Y es quela Covid-19ha implicado un cambio disruptivo en los patrones de comportamiento, demanda y consumo de los ciudadanos en aspectos tan relevantes comola movilidad, la conectividad, la habitabilidad, el trabajo, el ocio, el consumo o el ahorro entre otras.

Pero pese a que nos encontramos ante una sociedad diferente,mucho más exigente, y gobernado por la inmediatez,no veamos estos cambios como algo negativo. La nueva sociedad postCovid será sin duda más tecnológica, sostenible, saludable, resiliente y solidaria, y en la medida en que el riesgo de vulnerabilidad se ha manifestado en todos los estratos sociales, la nueva economía mutual se abrirá paso como un nuevo modelo económico de inclusión, sostenibilidad, solidaridad, cooperación y progreso. Yes que no debemos nuca dudar que una sociedad más inclusiva y más diversa será también siempre una sociedad más robusta y más competitiva.

¿Cuáles son los motivos que han hecho que decidan participar en el Congreso “Crear futuro pensando en el sénior” organizado por 60ymcho+? ¿Considera que este tipo de iniciativas y la Escuela de pensamiento, son imprescindibles para poner de manifiesto la importancia del sénior en la sociedad y en la economía de nuestro país?

En lo personal, y desde distintos ámbitos del conocimiento, he dedicado gran parte de mi carrera al estudio de las necesidades de la población en las distintas etapas de la vida. Debemos entender que el envejecimiento poblacional nos afecta a todos por igual, independientemente de nuestra edad o recursos económicos y que, por tanto, la responsabilidad recae en todos los individuos por igual.

La Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad Abogacía nace con el firme objetivo de estudiar esta realidad y, desde los valores del mutualismo, abordar el desafío del envejecimiento con una visión holística e integradora. Sólo desde este enfoque y mediante este tipo de colaboraciones trasversales, será posible ofrecer soluciones reales con las que articular una nueva sociedad en la que convivir con centenarios será lo habitual.

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