El reto de vivir más: sostenibilidad de las pensiones y estrategias de ingresos

Hay una serie de preguntas que todos deberíamos hacernos de vez en cuando: ¿Es cierto que los españoles confiamos ciegamente en el Estado para cubrir nuestras pensiones públicas?, ¿Será el Estado español capaz de mantener su solidez financiera?, ¿Qué mecanismos de ahorro privado existen para complementar mi pensión pública?
Por Juan De Ipiña. Director de Oferta de Mutualidad.
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La deuda pública mundial ha crecido de forma sostenida en las últimas décadas, impulsada por déficits fiscales y crisis económicas. En el segundo trimestre de 2025 alcanzó un récord de 338 billones de dólares, según el Instituto de Finanzas Internacionales, con casos extremos como Japón (230% del PIB) frente a Luxemburgo (27%). España registra un endeudamiento del 100% del PIB, por encima de la media europea, y el gasto público —especialmente en pensiones y defensa— podría tensionar sus finanzas. El gasto en pensiones para 2025 se estima en 215.912 millones de euros, equivalente al 12,9% del PIB. Esto plantea dudas sobre la sostenibilidad: ¿puede el mercado absorber tanta deuda soberana sin riesgo de impagos? Desde 1800, se han registrado unos 250 episodios de incumplimiento de pago de deuda soberana, lo que supone más de uno por año en promedio. El reto es equilibrar deuda, gasto social y estabilidad financiera.

La tasa de reposición en España, que mide la relación entre la pensión pública y el salario previo a la jubilación, ronda el 80%, una de las más altas según la OCDE. En comparación, la media europea se sitúa en torno al 60% y la OCDE en el 56%. Mantener este nivel plantea dudas sobre su sostenibilidad futura, lo que hace necesario complementar la pensión pública con ahorro privado. ¿Puede el estado español afrontar estas cifras a futuro de forma sostenible?

Para garantizar ingresos suficientes en la jubilación, existen diversas opciones: planes de pensiones individuales y de empleo, rentas vitalicias, planes de previsión asegurados y planes de ahorro sistemático. Además, el patrimonio inmobiliario juega un papel clave. España es uno de los países con mayor porcentaje de vivienda en propiedad: el 81% de los mayores de 67 años son propietarios, frente al 68,4% en la UE. Entre los menores de 35 años, la cifra baja al 30%, lo que refleja la dificultad de ahorro para las nuevas generaciones.

Los activos ilíquidos, como la vivienda, pueden convertirse en ingresos mediante soluciones como hipoteca inversa, vitalicio inmobiliario, venta con alquiler (sale & leaseback) o venta directa. Estas alternativas permiten obtener liquidez y, en muchos casos, conservar parte del patrimonio para los herederos.

El sector privado es esencial en la creación de productos que complementen la pensión pública, especialmente aquellos vinculados a la vivienda. La planificación anticipada y la diversificación de opciones son claves para mantener el nivel de vida en la jubilación. Cuanto antes se empiece a ahorrar, más fácil será afrontar los retos que plantea la sostenibilidad del sistema público.

Ser consciente de que en nuestro último ciclo de vida vital tenemos menos ingresos y gastos elevados para nuestros cuidados es esencial. Por ello hay que prever una entrada mayor de flujos de caja en ese ciclo de vida. Esto es una realidad, y los actores privados, como las aseguradoras están desarrollando productos y servicios de cuidados que son el futuro de la asistencia durante nuestra vejez. Esto supone un cambio estratégico con varias implicaciones relevantes en el ahorro y la realidad social del individuo: tiene un enfoque preventivo antes de llegar a la vejez; de ayuda al cuidador y al enfermo; tiene un impacto social y económico porque reduce gastos sanitarios y de asistencia social al sistema social público y desarrolla valor añadido al asegurado. Hay muchas tendencias clave en el desarrollo de estos ecosistemas de cuidados: existe una pirámide invertida de la población y una concentración de la renta en el rango de edad superior a los 55 años, el sistema público de pensiones está cuestionado, los sistemas de salud privados tienden a una integración de la salud y los servicios sociales, el envejecimiento en el hogar está ganado preferencia frente al uso de residencias, entre otros. Todo ello está muy bien, pero tiene un coste, que hay que prever, y que hay que ir planificando y ahorrando a lo largo de nuestra vida.

Se recomienda automatizar aportaciones periódicas y acostumbrarse a vivir con algo menos. Además de la rentabilidad que le ofrecen, es aconsejable analizar las comisiones por gestión de sus ahorros, porque éstas reducen su rentabilidad final. Es bueno no meter todos los huevos en la misma cesta, por ello se suele tender a diversificar las inversiones. Muchos productos tienen ventajas fiscales que conviene valorar cómo pueden influir en su situación tanto a corto como a largo plazo. Es recomendable revisar periódicamente la estrategia de ahorro teniendo en cuenta ingresos, gastos y posibles cambios en la fiscalidad a lo largo de la vida. También puede resultar útil considerar el patrimonio no financiero como una fuente futura de ingresos recurrentes, especialmente el inmobiliario, que puede desempeñar un papel clave. No olvide que, en la etapa final de la vida, las necesidades económicas suelen aumentar debido a los cuidados que se requieren.

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