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La tecnología está transformando el sector legal de forma profunda. No solo en las herramientas que utilizamos, sino en los propios modelos de negocio (NewLaw, NewMods, ALSPs), en la forma de prestar servicios jurídicos y en cómo se organiza el trabajo dentro de los despachos. Automatización, plataformas, nuevos roles, nuevas expectativas del cliente. Nada de esto es coyuntural.
La inteligencia artificial está acelerando este cambio. Hoy es habitual apoyarse en ella para generar borradores, resumir informes extensos, analizar sentencias o estructurar documentos en muy poco tiempo. Bien utilizada, es una palanca extraordinaria de eficiencia.
Pero hay una línea que no podemos cruzar. Y aquí está, a mi juicio, uno de los riesgos más serios que enfrentamos.
La IA agiliza tareas, sintetiza información y facilita la escritura. Todo eso está bien. Lo que no puede sustituir es la capacidad de comprender en profundidad: entender un informe completo, una sentencia compleja o un documento estratégico con todos sus matices.
Obtener un resumen de un informe de 5 páginas está bien. De hecho, está muy bien. Pero el informe debe leerse, y comprenderse, analizarlo, cuestionarlo y prepararlo para defenderlo, o desmontarlo, ante un tribunal o en una negociación de alto nivel. A los espacios donde se toman decisiones relevantes no se va con una síntesis automática, sino con los detalles dominados y el razonamiento bien construido, por uno mismo.
Este riesgo no es menor ni anecdótico. Empiezo a observar, y me preocupa, una tendencia más amplia: profesionales que dependen cada vez más de sistemas automáticos para escribir, argumentar o decidir, sin un control real del contenido. En el ámbito jurídico, esto tiene consecuencias especialmente graves. Ya estamos viendo abogados y jueces citando jurisprudencia inexistente o legislación errónea por un uso acrítico de herramientas tecnológicas. Son señales claras de alerta.
La formación continua es imprescindible. Y la formación en tecnología y en IA generativa también. Pero no puede hacerse a costa de erosionar habilidades que son propias, y diferenciales, de nuestra profesión.
No es una preocupación aislada. La International Bar Association ha advertido de que la IA puede ser una oportunidad para los abogados jóvenes, pero también una fuente de riesgo si sustituye el juicio profesional. El CCBE insiste en que su uso solo es compatible con la abogacía si se mantiene un control humano efectivo. Y, en el ámbito nacional, el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid ha subrayado la necesidad de un uso responsable precisamente para evitar estos deslices.
La transformación del sector, la formación continua y las habilidades esenciales de la abogacía no compiten entre sí: se sostienen mutuamente. La tecnología redefine el marco, la formación nos permite movernos en él, y el criterio, forjado leyendo, comprendiendo y pensando, decide si avanzamos o desaparecemos.
Fuentes:
IBA: https://www.ibanet.org/AI-presents-both-opportunity-and-threat-to-young-lawyers